Nelson Romero, artista plástico uruguayo

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  • Autodidacta. Maestro del dibujo, sus trabajos muestran técnica, estilo y humor
  • Eximio dibujante que a través de un estilo muy personal trazó en la historia artística del país.

Nacido en San José en 1951, su formación autodidacta era difícil de percibir en sus trabajos, de gran técnica y precisión. En 1972 había realizado su primera exposición individual en la Galería de Arte del Palacio Salvo, un centro cultural que también albergó teatro de avanzada y cine de arte. Ese mismo año sus trabajos se pudieron ver en la Feria del Libro y el Grabados, así como en el Teatro San Martín, de Buenos Aires, ciudad en la que expondría luego repetidas veces.
Aquella primera exposición en el Salvo mostraba unas obras de pequeño formato, dibujadas a lápiz, en las que se podía apreciar su calidad para el dibujo, en particular la figura humana, uno de los temas más difíciles de abordar.
Esa noble factura estética lo llevaría a proyectarse internacionalmente con rapidez. Al año de la exposición en el Teatro San Martín, se sumó en la capital porteña a la exposición Ocho dibujantes uruguayos, en Galería Lirolay, donde poco después haría una muestra individual.
 

En esa misma galería repetiría las exposiciones colectivas con otros artistas uruguayos: es que el dibujo nacional venía protagonizando un auge que le dio gran proyección incluso fuera de fronteras. Con estilos muy distintos y bien personajes, varias generaciones de dibujantes uruguayos se inscribieron a fuerza de méritos propios en los anales de la plástica nacional e internacional. Desde Eduardo Sarlós hasta Oscar Larroca, desde Marta Restuccia a Jorge Satut.
También el público de Brasil pudo tomar contacto tempranamente con la obra de Romero, a través de la exposición de sus trabajos en la galería de Arte Yasigi, de Porto Alegre, en 1973. Ese año sus obras llegaba también a Colombia y España, abriendo el camino de una carrera que llegaría a las galerías de Cuba, Estados Unidos, Perú, Paraguay, Israel y Canadá, entre otros países.

 
Más allá de esa dimensión internacional de la proyección de su obra, el artista nunca dejó de exponer en Montevideo y en distintos puntos del interior, con énfasis en San José, su pago. Allí había montado muy joven una exposición individual, en 1973, a la que seguirían otras que daban cuenta de los distintos tramos de su trayectoria.
Desde los comienzos de su carrera Romero mostró interés por la temática bíblica, que además le permitía enfrentarse a la figura humana, cargándola de sentido. Su destreza natural en el manejo de la pluma, el pincel y el lápiz, le permitió generar una fecunda obra rica en número y calidad.
Desde la sanguina al acrílico, su obra se llenó de matices cromáticos, sabiendo manejar con habilidad la valoración de los colores. Paralelamente, la iconografía bíblica, así como muchos otros temas que el artista encaró, se fue permeando con el paso del tiempo de notas más fantásticas, hecho que también lo emparenta a más de un compañero de generación.
Sus dibujos, de gran interés compositivo, ostentaban un barroquismo rico en detalles, donde muchas veces planteaba contrastes entre las zonas despejadas y las abigarradas. El juego de los contrastes, de las escalas, del desequilibrio entre lo grande y lo pequeño, entre lo pesado y lo leve, doto a muchos de sus mejores trabajos de un sentido del humor tan eficaz como personal. Comicidad que por supuesto trascendió fronteras, siendo valorada en geografías tan lejanas como Bulgaria, donde sobresalió en la Bienal Internacional del Humor y la Sátira en el Arte, de 1985, encuentro artístico al que volvería a ser convocado una década después. Algunos de sus cuadros cobran dimensión de caricatura, sin apartarse del sentido pictórico.

Es que Romero había conseguido tal maestría que lo trascendente y lo cómico se confundía en su obra. Ese contraste y ese juego de sentidos hablaba también de una personalidad singular, compleja. La nómina de los premios que cosechó en vida da cuenta del reconocimiento que tuvo su trabajo, tan personal como solvente. Sin duda un ejemplo para los jóvenes y las futuras generaciones.
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Acerca de Prof. Graciela Slekis Riffel

Directora de La Academia: centro de formación en oficios, apoyo pedagógico en todas las materias y niveles, y orientación vocacional. Egresada del Instituto de Profesores Artigas, en 1985, en Filosofía. Ganadora de concursos y agradecimientos de CODICEN por trabajos comunitarios. Promotora del desarrollo permanente en la comunidad de Las Piedras y Paso de los Toros, vocacional y humanista, ahora con grupos y páginas en la red.

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